lunes, 2 de mayo de 2016

Traje

Para el día doscientos y algo, la vida me parecía una sucesión de deja vus, en los que únicamente me dedicaba a trabajar y contar las horas que me restaban por dormir. Ni siquiera follarmela los domingos por la tarde me causaba satisfacción. Besaba bien y se movía bien, pero muy en el fondo sentía cierta aversión por ella. O la quería o la aborrecía, no existían puntos medios. Necesitaba más de lo que sus piernas podían ofrecerme. Quizás era cariño, una muestra de afecto que me hiciese sentir menos solo, menos roto, o al menos eso creo. Quizás ese fue el problema, comerle el coño no significaba comerme mis problemas, quizás los de ella, pero no los míos. A quien engaño, me complacía en la cama, pero al salir de ella me dejaba sin nada.
Así transcurrió un maldito mes completo, así me resigné a pasar el resto de ese año, pegado a un computador, trabajando para sobrevivir, ignorando la realidad que me pinchaba por todo el cuerpo.


En fin, había cambiado mi traje de bohemio por el de un ser corriente, sin nombre ni apellido.

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