A
veces el alma nos exige hacer ciertas cosas, aunque estas carezcan
completamente de sentido. ¿A quien debería dirigirme? ¿A Elise? ¿A Dorian? Fueron tantos los
nombres que usé para llamar a la misma musa. Para llamar a mi mayor
tormento, para llamar a quien fuese el centro de mi universo durante
casi 3 años de mi corta vida ¿Qué coño haces
ahora que pienso en ti? ¿Será que alguna vez podrás leer esto? Lo
dudo… Lo dudo inmensamente.
Han
pasado aproximadamente ciento veintiocho días desde que te vi por
última vez. Ese maldito tres de octubre. Creo que jamás podré
olvidar ese día, porque ha sido uno de los peores de mi vida. Ya no
duele tanto, ¿sabes? Con el pasar de los días ese maldito vacío
que dejaste, ha dejado de dolerme, pero sólo un poco. Los primeros
días, Dios, fue sumamente horrible. Era como si en el medio de mi
pecho, donde se supone estaba el corazón, sólo había un gran y
profundo abismo. A veces me sorprendo, ha pasado tanto tiempo y aún
recuerdo todo aquello que llegamos a compartir. Recuerdo cada uno de
tus gestos, tus manías, tus gustos, tus canciones favoritas…Recuerdo
todo aquello que compartimos durante todo ese tiempo. Sé que
simplemente yo no soy más que un fantasma en tu vida, un mal
recuerdo seguramente, “aquella persona de la cual no quiero saber
nada”, tristemente aún no nos vemos de la misma forma. Aunque sí,
eres un fantasma en mi vida. Un fantasma que está conmigo día y
noche, a cada momento. A veces lastima, duele, pica. Es un dolor que
nunca desaparece, siempre está ahí, latente. ¿Para qué escribir
algo que simplemente te da igual? Sé perfectamente que lo que hago
no tiene mucho sentido. Al final las palabras, palabras son. Te
extraño, querido amigo y me has hecho una falta terrible todos estos
días de ausencia. Quise contarte todas las cosas buenas que hice
durante todo este tiempo, así como aquellas cosas que me dolían en
el interior y que nadie supo nunca…
Quise
contarte de nuevo mis secretos, mis aventuras, mis tristezas. Todo
aquello que quería compartir con aquel al que consideraba “mi
espejo”, porque eres todo aquello que yo no soy. Me repito que esto
fue lo mejor, que nunca debimos ser, ni seremos. Ojalá supieras
cuanto duele repetirse esas palabras una y otra vez. Fueron tantos
días en los que solo quería acabar contigo, asesinarte con mis
propias manos. Lloré de rabia y de tristeza, te odié durante muchas
noches, mi chico del retrato. Te maldije y me sentí terrible, por
haber sentido eso que, a pesar de todo, aún sigo sintiendo. Jamás
supiste lo que significó verte partir, jamás sabrás cuanto me
dolió tu reemplazo. Creer que alguien me amaba por sobre todas las
cosas, cuando realmente nunca fue así. Me olvidaste, aunque lo
niegues o aunque lo aceptes. Olvidaste a la persona que te vio como
lo más grande de este mundo y yo te adoraba, maldito. Te adoraba por
sobre todas aquellas cosas mundanas que representaba la vida. Soy la
primera en aceptar mis errores, y por mucho tiempo me eché la culpa.
Durante mucho tiempo me culpé… Llegué a creer que realmente todo
era una terrible consecuencia de todos mis actos, pero en un punto me
di cuenta, que no se trataban de mis errores. Se trataba de ti. De
ti, que nunca fuiste capaz de intentarlo, siquiera una vez. Tú
siempre me diste la espalda, y yo siempre halaba tu manga, mendigando
un poco de tu tiempo, un poco de tu afecto.
No
tengo razones para hacer esto. Es la única forma que consigo para
deshacerme de todo esto que me envenena día tras día, de deshacerme
de todos esos recuerdos que me dejaste. Porque si hay algo que es
sumamente difícil en esta vida, es seguir adelante cuando tu mente
sigue completamente atrapada en su pasado. Me hundí en la
melancolía, en mis recuerdos, hasta que no pude soportarlo más.
Busqué olvidar a través de otras personas, era como tomarme un café
en la tarde, buscaba cualquier cosa que me hiciese sentir mejor.
Conocí
a un hombre, era una ruina ambulante. Estaba tan acabado y realmente
parecía un muerto ambulante. Sus ojos eran casi tan obscuros como
los míos, una cosa que realmente me sorprendió. Compartí su cama,
su café y de vez en cuando me contaba de su pasado. Lloré en su
pecho cuando le hablé de ti, a veces sólo quería que me abrazara y
acabara con ese maldito dolor que significaba recordarte. Éramos dos
ruinas ambulantes, que simplemente compartían un poco de su tiempo.
Comencé a quererle, aunque sabía que no llegaría a ningún lado.
Comencé a sentir cariño por ese despojo de ser humano, Dios mío,
cuanto me gustaban sus heridas. Era tan imperfecto. Siempre supe que
me cortaría tratando de unirle, pero estaba bien, sentía cariño
nuevamente por alguien que no fueses tú y eso me reconfortó.
Pero
nunca fue igual. A él quise cuidarlo y protegerlo, sacarlo de ese
abismo donde se hallaba. Quería salvarlo de su propio infierno, pero
nunca pude… Y sé que aunque lo intentase con todas mis fuerzas,
era algo que iba mucho más allá de mis manos. Cuidó de mi cuando
estuve enferma, me hizo sentir mal muchas veces con su tosquedad, me
regaló su tiempo y buenos momentos. Y podrías preguntarte “¿Por
qué habla de mí si todo este tiempo estuvo con alguien más?”
porque nadie ha ocupado tu lugar, cariño. Ni nadie lo hará, porque
tú fuiste la musa más hermosa de todas. La que más he querido, la
que más he adorado y la que más me ha hecho daño. Y sé
perfectamente que mis ojos no han cambiado, te veo igual que siempre,
aunque a veces la ira me cegue, aunque a veces sienta celos o
cualquier cosa. Recuerda que para Benjamin, sigues siendo Elise. Y no
escribo para que vuelvas, porque sé perfectamente que tú jamás vas
a volver, simplemente escribo con la esperanza de que ese vacío se
desprenda de mi pecho, que esa carga que llevo tan dentro de mí y
que me sigue desgarrando, se separe de este cuerpo… Sólo quiero
que dejes de dolerme.
Para
mi hermosa musa de cianuro…
Benjen.
No hay comentarios:
Publicar un comentario