martes, 16 de febrero de 2016

Carta a un extraño

A veces el alma nos exige hacer ciertas cosas, aunque estas carezcan completamente de sentido. ¿A quien debería dirigirme? ¿A Elise? ¿A Dorian? Fueron tantos los nombres que usé para llamar a la misma musa. Para llamar a mi mayor tormento, para llamar a quien fuese el centro de mi universo durante casi 3 años de mi corta vida ¿Qué coño haces ahora que pienso en ti? ¿Será que alguna vez podrás leer esto? Lo dudo… Lo dudo inmensamente.
Han pasado aproximadamente ciento veintiocho días desde que te vi por última vez. Ese maldito tres de octubre. Creo que jamás podré olvidar ese día, porque ha sido uno de los peores de mi vida. Ya no duele tanto, ¿sabes? Con el pasar de los días ese maldito vacío que dejaste, ha dejado de dolerme, pero sólo un poco. Los primeros días, Dios, fue sumamente horrible. Era como si en el medio de mi pecho, donde se supone estaba el corazón, sólo había un gran y profundo abismo. A veces me sorprendo, ha pasado tanto tiempo y aún recuerdo todo aquello que llegamos a compartir. Recuerdo cada uno de tus gestos, tus manías, tus gustos, tus canciones favoritas…Recuerdo todo aquello que compartimos durante todo ese tiempo. Sé que simplemente yo no soy más que un fantasma en tu vida, un mal recuerdo seguramente, “aquella persona de la cual no quiero saber nada”, tristemente aún no nos vemos de la misma forma. Aunque sí, eres un fantasma en mi vida. Un fantasma que está conmigo día y noche, a cada momento. A veces lastima, duele, pica. Es un dolor que nunca desaparece, siempre está ahí, latente. ¿Para qué escribir algo que simplemente te da igual? Sé perfectamente que lo que hago no tiene mucho sentido. Al final las palabras, palabras son. Te extraño, querido amigo y me has hecho una falta terrible todos estos días de ausencia. Quise contarte todas las cosas buenas que hice durante todo este tiempo, así como aquellas cosas que me dolían en el interior y que nadie supo nunca…
Quise contarte de nuevo mis secretos, mis aventuras, mis tristezas. Todo aquello que quería compartir con aquel al que consideraba “mi espejo”, porque eres todo aquello que yo no soy. Me repito que esto fue lo mejor, que nunca debimos ser, ni seremos. Ojalá supieras cuanto duele repetirse esas palabras una y otra vez. Fueron tantos días en los que solo quería acabar contigo, asesinarte con mis propias manos. Lloré de rabia y de tristeza, te odié durante muchas noches, mi chico del retrato. Te maldije y me sentí terrible, por haber sentido eso que, a pesar de todo, aún sigo sintiendo. Jamás supiste lo que significó verte partir, jamás sabrás cuanto me dolió tu reemplazo. Creer que alguien me amaba por sobre todas las cosas, cuando realmente nunca fue así. Me olvidaste, aunque lo niegues o aunque lo aceptes. Olvidaste a la persona que te vio como lo más grande de este mundo y yo te adoraba, maldito. Te adoraba por sobre todas aquellas cosas mundanas que representaba la vida. Soy la primera en aceptar mis errores, y por mucho tiempo me eché la culpa. Durante mucho tiempo me culpé… Llegué a creer que realmente todo era una terrible consecuencia de todos mis actos, pero en un punto me di cuenta, que no se trataban de mis errores. Se trataba de ti. De ti, que nunca fuiste capaz de intentarlo, siquiera una vez. Tú siempre me diste la espalda, y yo siempre halaba tu manga, mendigando un poco de tu tiempo, un poco de tu afecto.
No tengo razones para hacer esto. Es la única forma que consigo para deshacerme de todo esto que me envenena día tras día, de deshacerme de todos esos recuerdos que me dejaste. Porque si hay algo que es sumamente difícil en esta vida, es seguir adelante cuando tu mente sigue completamente atrapada en su pasado. Me hundí en la melancolía, en mis recuerdos, hasta que no pude soportarlo más. Busqué olvidar a través de otras personas, era como tomarme un café en la tarde, buscaba cualquier cosa que me hiciese sentir mejor.
Conocí a un hombre, era una ruina ambulante. Estaba tan acabado y realmente parecía un muerto ambulante. Sus ojos eran casi tan obscuros como los míos, una cosa que realmente me sorprendió. Compartí su cama, su café y de vez en cuando me contaba de su pasado. Lloré en su pecho cuando le hablé de ti, a veces sólo quería que me abrazara y acabara con ese maldito dolor que significaba recordarte. Éramos dos ruinas ambulantes, que simplemente compartían un poco de su tiempo. Comencé a quererle, aunque sabía que no llegaría a ningún lado. Comencé a sentir cariño por ese despojo de ser humano, Dios mío, cuanto me gustaban sus heridas. Era tan imperfecto. Siempre supe que me cortaría tratando de unirle, pero estaba bien, sentía cariño nuevamente por alguien que no fueses tú y eso me reconfortó.
Pero nunca fue igual. A él quise cuidarlo y protegerlo, sacarlo de ese abismo donde se hallaba. Quería salvarlo de su propio infierno, pero nunca pude… Y sé que aunque lo intentase con todas mis fuerzas, era algo que iba mucho más allá de mis manos. Cuidó de mi cuando estuve enferma, me hizo sentir mal muchas veces con su tosquedad, me regaló su tiempo y buenos momentos. Y podrías preguntarte “¿Por qué habla de mí si todo este tiempo estuvo con alguien más?” porque nadie ha ocupado tu lugar, cariño. Ni nadie lo hará, porque tú fuiste la musa más hermosa de todas. La que más he querido, la que más he adorado y la que más me ha hecho daño. Y sé perfectamente que mis ojos no han cambiado, te veo igual que siempre, aunque a veces la ira me cegue, aunque a veces sienta celos o cualquier cosa. Recuerda que para Benjamin, sigues siendo Elise. Y no escribo para que vuelvas, porque sé perfectamente que tú jamás vas a volver, simplemente escribo con la esperanza de que ese vacío se desprenda de mi pecho, que esa carga que llevo tan dentro de mí y que me sigue desgarrando, se separe de este cuerpo… Sólo quiero que dejes de dolerme.
Para mi hermosa musa de cianuro…

Benjen.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario