Siempre creí que la rara
era yo, pero estaba equivocada. A lo largo de mis cortos veinte años he tenido
la oportunidad de conocer gente extraña, gente fea, pues. Personas que parecen
sacadas de una película de terror muy mala, o de un libro muy muy malo. Son
personas tan particulares que te hacen pensar que realmente eres el ser más
insípido del universo. Hace poco conocí a uno de estos seres tan
extraordinarios.
En mi
instituto hay gente desagradable, hombres que tienen más progesterona en una
bola que tú en todo tu cuerpo. Ojo, no tengo nada en contra de estos panitas,
pero me saca la piedra que haya hombres que quieran ser más femenina que una.
¿Qué es, pues? Qué Dios me haya dado chucha a mí y no a ti, no es mi peo. Pero bueno,
me desvié. Sí, hay gente extraña. Era un día de esos ladillosos, donde tienes
que pasar media vida haciendo una cola para que te entreguen un papel. Mi negro
(un amigo mío) y yo estábamos hablando paja, sólo para matar el tiempo. Desde
hace meses había visto a un carajo con pinta de metalero bastante peculiar,
incluso creía que se delineaba los ojos. Era algo así como un metalero-divo.
Tenía un cabello fabuloso, mejor que el de cualquier fémina. Siempre iba de
negro y en bermudas. Lo sé, una vaina ilógica. Una vez me preguntaron “¿Y a ti
Merlín no te ha vendido tortas?” pensé que era una pregunta estúpida de mis
amigos, suelen hacer ese tipo de barbaridades. Lo dejé pasar. El caso es que
andaba compartiendo con mi negro y veo que una mata de pelo perfectamente
cuidado se acerca a nosotros.
“Por
favor, no, tienes que estarme jodiendo” fue todo lo que pensé. Era el
metalero-tuky-divo. Venía con una gran bolsa y unos lentes que le daban un
aspecto de Dross rejuvenecido. Atónitos, mi amigo y yo escuchamos como el pana
se presentaba, así, sin pena:
-Hola,
chicos. No sé si me conocen, ¿me conocen?
No sabía
si reírme o llorar
-No-
respondimos al unísono, a lo que el pana prosiguió:
-Ah,
bueno. Supongo que me han visto por ahí en la universidad. La mayoría de los de
segundo semestre para arriba me conocen. Ustedes son del primer semestre,
¿verdad?
-No, ya
me gradué- Le respondí de la manera menos chocante que encontré.
-Ah,
bueno. Me llamo Merlick, como Eric pero con M y L. Verán, yo vendo tortas. De
chocolate y otros sabores, y bueno, me preguntaba si querían unas. ¿Saben? Me
conocen como cake-boy, o sea el chico torta.
3 años
de mi perra vida estudiando idiomas modernos para que un metalero en bermudas
que vende tortas me explicara que “cake-boy” era el chico torta. Nada, el
universo me hacía bullying. Sentí vaina por el pana, por lo que accedí a
comprarle una torta, a ver cual era el rollo. Miré al negro, compró dos y
pensaba que con eso el pana se iría, no. Se quedó viéndonos fijamente
-¿No se
la van a comer? Es que me gusta ver las reacciones de las personas cuando
prueban mis tortas. No sé, para saber que les parecen y eso.
“Dios,
acaba con mi sufrimiento” Qué coño, Merlick no podía ser más intenso.
Accedimos, lo chistoso era que la masa de la torta era verde. Sí, verde. Verde
con cubierta de chocolate.
-Les
pongo colorante porque así llaman más la atención, y tengo otro verde
fosforescente que es algo así como materia ectoplásmica, no sé. Me encanta.
De vaina
me atraganto con la torta, el pana aparte de llamarse Merlick se la tiraba de
Danny Phantom. Para mi sorpresa, la torta estaba bien. Había comido mejores,
pero esa estaba bien. Puse mi mejor cara de satisfacción para no herir los
sentimientos de Merlick, y le di las gracias por las tortas. Finalmente se
levantó, nos dio las gracias y dijo que cualquier cosa le consultáramos. Miré
al negro, sin poder evitar soltar una carcajada, no sé que me parecía más
chistoso, si su nombre, su pinta, sus tortas verdes hechas de fantasmas o
qué. De resto el día transcurrió normal,
como los días suelen hacerlo. Sin grandes sobresaltos, y sin un metalero en
bermudas llamado Merlick que vende tortas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario