miércoles, 7 de enero de 2015

Merlick

Siempre creí que la rara era yo, pero estaba equivocada. A lo largo de mis cortos veinte años he tenido la oportunidad de conocer gente extraña, gente fea, pues. Personas que parecen sacadas de una película de terror muy mala, o de un libro muy muy malo. Son personas tan particulares que te hacen pensar que realmente eres el ser más insípido del universo. Hace poco conocí a uno de estos seres tan extraordinarios.

En mi instituto hay gente desagradable, hombres que tienen más progesterona en una bola que tú en todo tu cuerpo. Ojo, no tengo nada en contra de estos panitas, pero me saca la piedra que haya hombres que quieran ser más femenina que una. ¿Qué es, pues? Qué Dios me haya dado chucha a mí y no a ti, no es mi peo. Pero bueno, me desvié. Sí, hay gente extraña. Era un día de esos ladillosos, donde tienes que pasar media vida haciendo una cola para que te entreguen un papel. Mi negro (un amigo mío) y yo estábamos hablando paja, sólo para matar el tiempo. Desde hace meses había visto a un carajo con pinta de metalero bastante peculiar, incluso creía que se delineaba los ojos. Era algo así como un metalero-divo. Tenía un cabello fabuloso, mejor que el de cualquier fémina. Siempre iba de negro y en bermudas. Lo sé, una vaina ilógica. Una vez me preguntaron “¿Y a ti Merlín no te ha vendido tortas?” pensé que era una pregunta estúpida de mis amigos, suelen hacer ese tipo de barbaridades. Lo dejé pasar. El caso es que andaba compartiendo con mi negro y veo que una mata de pelo perfectamente cuidado se acerca a nosotros.

“Por favor, no, tienes que estarme jodiendo” fue todo lo que pensé. Era el metalero-tuky-divo. Venía con una gran bolsa y unos lentes que le daban un aspecto de Dross rejuvenecido. Atónitos, mi amigo y yo escuchamos como el pana se presentaba, así, sin pena:

-Hola, chicos. No sé si me conocen, ¿me conocen?

No sabía si reírme o llorar

-No- respondimos al unísono, a lo que el pana prosiguió:

-Ah, bueno. Supongo que me han visto por ahí en la universidad. La mayoría de los de segundo semestre para arriba me conocen. Ustedes son del primer semestre, ¿verdad?

-No, ya me gradué- Le respondí de la manera menos chocante que encontré.

-Ah, bueno. Me llamo Merlick, como Eric pero con M y L. Verán, yo vendo tortas. De chocolate y otros sabores, y bueno, me preguntaba si querían unas. ¿Saben? Me conocen como cake-boy, o sea el chico torta.

3 años de mi perra vida estudiando idiomas modernos para que un metalero en bermudas que vende tortas me explicara que “cake-boy” era el chico torta. Nada, el universo me hacía bullying. Sentí vaina por el pana, por lo que accedí a comprarle una torta, a ver cual era el rollo. Miré al negro, compró dos y pensaba que con eso el pana se iría, no. Se quedó viéndonos fijamente

-¿No se la van a comer? Es que me gusta ver las reacciones de las personas cuando prueban mis tortas. No sé, para saber que les parecen y eso.

“Dios, acaba con mi sufrimiento” Qué coño, Merlick no podía ser más intenso. Accedimos, lo chistoso era que la masa de la torta era verde. Sí, verde. Verde con cubierta de chocolate.

-Les pongo colorante porque así llaman más la atención, y tengo otro verde fosforescente que es algo así como materia ectoplásmica, no sé. Me encanta.


De vaina me atraganto con la torta, el pana aparte de llamarse Merlick se la tiraba de Danny Phantom. Para mi sorpresa, la torta estaba bien. Había comido mejores, pero esa estaba bien. Puse mi mejor cara de satisfacción para no herir los sentimientos de Merlick, y le di las gracias por las tortas. Finalmente se levantó, nos dio las gracias y dijo que cualquier cosa le consultáramos. Miré al negro, sin poder evitar soltar una carcajada, no sé que me parecía más chistoso, si su nombre, su pinta, sus tortas verdes hechas de fantasmas o qué.  De resto el día transcurrió normal, como los días suelen hacerlo. Sin grandes sobresaltos, y sin un metalero en bermudas llamado Merlick que vende tortas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario