-Disculpe buen caballero, ¿Habrá
visto usted a este hombre?
-No, con permiso, tengo prisa.
-Bella dama, ¿Se habrá topado usted
con este hombre?
-No, jamás lo he visto.
Y así transcurrieron las horas sin
resultados. Era innegable, él había desaparecido. La tierra se lo había
tragado, no dejó huellas, ni notas, ni mucho menos explicaciones. Ella había
despertado esa fría mañana con un dolor insoportable en su costado. Se sentía
ligera, como quien se despierta de una siesta eterna. Ahí fue cuando lo notó,
él ya no estaba. Su mejor amigo, su compañero, su amante… Ya no estaba. Sabía perfectamente que no era
la única en su vida, siempre habían sido dos. Dos las que lo compartían, dos
caras de la misma moneda ¿Pero por qué a
ella y no a la otra? Ella no era fea, en cambio la otra sí. Ella siempre estaba
atenta, nunca le falló. Al comienzo sintió desesperación, luego rabia que poco
a poco se fue convirtiendo en resignación. Nunca supo el porqué de su abandono,
“así son los hombres” se dijo a sí misma, con ese tono de mujer abandonada con
toque de víctima tan característico. Daba igual, siempre dejan a la más
pendeja. El resto de su vida transcurrió sin pena ni gloria, incompleta, con
cicatrices incurables, con una sensación de desasosiego eterna y pegajosa.
Estaba sola, sin su hermana ni su hombre.

Es la naturaleza humana. Mujeres y hombres en la oscuridad o en la luz. A veces, estamos más dispuestos a una que a la otra.
ResponderEliminarSoy el blogger de cantardeldemonio.blogspot.com.
Me alegra saber de ti^^