Hay
una frase por ahí que dice “la envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y
no come”. Todos y todas hemos sido victimas (o portadores) del virus E. Excepto
Maduro, a él nadie le tiene envidia porque dijo que Bolívar era huérfano de
esposa, que Cristo multiplicaba penes y “capuskicapubul” en plena cadena
nacional. #LaBurla. Volviendo a la envidia, se define como: “Sentimiento de
tristeza o enojo que experimenta la persona que no tiene o desearía tener para
sí sola algo que otra posee.” En criollo, eso que sientes al saber que jamás
ganarás el sueldo de Miguel Cabrera o el de Cristiano Ronaldo ni porque
trabajes mil vidas y reencarnes 10 veces más. Lo sé, es doloroso. La envidia es
como un gusanito, como esos que te encuentras en el repollo. Chiquitico, una
vainita que apenas se ve. Se inicia con un “coño, fulanito de tal tiene un
carro bonito, chico.” Y poco a poco va evolucionando, como los pokemon. Ya no
es “fulanito”, ya es un insulto ahora es “EL PAJUO DE FULANITO tiene un carro
que es bonito”. Los adjetivos cambian, el amor cambia, el gusanito cambia. Pero
no es una bonita mariposa, no, esa vaina ya no parece un gusano, parece una solitaria.
Cada día la arrechera te consume más, te arrecha ver que el bastardo/pajuo/hijo
de puta de fulanito tiene toda vaina que tú quieres, sin esforzarse ni la mitad
que tú. A todo el mundo le gusta fulanito, menos a ti, a ti te da arrechera
fulanito. Pasa el tiempo y además de ponerle peros al perro de fulanito, a la
casa de fulanito, al culo de la mujer de fulanito, lo mal pones con todo el
mundo. “¿Ese? Nojoda, chico. Ese no se ama ni a sí mismo, segurito ni se le
para con la mujer esa más fea que el hambre que tiene” ¡Ay, amigo! Vamos mal.
Esa es la envidia que te tiene desvelado, que no te deja comer ni vivir, ya no
es una solitaria, es una boa constrictora. Pero en el fondo, muy en el fondo de
tu amarillento y desnutrido ser, sabes que lo tuyo no es odio hacia fulanito,
no es que realmente te caiga mal porque sea una mierda de ser humano. No te cae
mal porque Dios le echa la bendición todos los días a él y a ti que te lleve el
diablo y sus secuaces. No, en el fondo tienes la admiración disfrazada de envidia.
En el fondo, tú quieres ser fulanito, porque a ti te gusta el perro de
fulanito, la casa de fulanito y el culo feo de la mujer de fulanito. Tú lo que
eres es un resignado con la vida. Alguien que agarró de blanco una persona que
realmente nunca te hizo nada, porque el envidiado es eso, un pobre guevon que
se ganó la arrechera de la gente de gratis. Porque tuvo mejor suerte que otro,
o porque de verdad le echó más bolas que los demás. Tú, mi querido amigo, lo
que eres… Es un envidioso, flaco y amarillo.

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