Los horóscopos
son la biblia de los crédulos. Cada una de las palabras que desprenden los
mismos están plagadas de certeza y sabiduría milenaria. O al menos eso era lo que
a Vicente le gustaba pensar. El pan de su día a día dependía de aquellos que creyeran
en la lectura del tarot. Marta, su mujer, era una experta (estafadora) en el
tema. Convivir con otra persona de por sí resulta una tarea tediosa e incluso
monótona, y si esta persona vivía pensando en si la alineación de los planetas
era la adecuada para tomar café o té, lo complicaba aún más.
-Tuve un sueño…
Vi miles de desgracias para el país. Soñé con inundaciones y cantidades
industriales de gatos- Le comentaba Vicente a su mujer, vestida con sus
extravagantes bufandas y pulseras chinas.
-Inundaciones,
significa enfermedad… Gatos, traición. Juégate el 070, la luna esta transitando
por acuario… Sí, sí. Juégate ese a ver si pegamos un triplecito.
-Hoy es martes,
así que usaré rojo. ¿Será que me pongo la corbata verde?
-Tu número de la
semana, es el 38. Así que tu color magnético es el azul, ponte la corbata azul
papi, así atraerás energía positiva a la casa. Por cierto, ten cuidado con
alguien de tez morena. De seguro es el tal Marco ese, mira que es géminis y los
géminis son traicioneros.
-Coño Marta,
estás paranoica… A ti todos los géminis te van a traicionar… Todos los géminis
del mundo conspiran en tu contra.
-Vicente, no leo
las cartas y tengo mi propio programa de televisión por tener un rostro bonito.
Déjate de vainas, sé porqué te digo las cosas. Y a ver si dejas de andar
saliendo con la suciodicha esta, ¿cómo es que se llama? La gorda fea esta vale…
-¿Cuál?¿Victoria?
-¡Ajá esa misma!
Y de paso tiene nombre e’ puta. Todos tenemos una conocida llamada Victoria que
es como el agua, no se le niega a NADIE. Esa, jum, esa es una quita maridos
chico.
-Si hablas paja
Marta… Esa lengua tuya parece un sable, cuando te vayas a morir te van a buscar
dos féretros, uno para ti y otro para tu lengua.
-¿Sabes quién te
va a cocinar, no?-Concluyó Marta, levantándose con su orgullo de cuaima herida,
pensando que su marido era un pánfilo que creía en la pureza y bondad del
prójimo. Sólo para molestarla aún más, Vicente se puso la corbata roja y se fue
sonriente al trabajo.
Cuando llegó a su
casa, se sentía abatido. Hubiese sido un día perfectamente caótico si algún ciudadano
falto de creatividad se hubiese lanzado al metro, pero eso no llegó a pasar.
-¿Cómo te fue?-
Preguntó Marta, sentada en el mesón, con una sonrisa pícara mientras completaba
un aburrido crucigrama.
-… Adivina, aquí
la bruja eres tú.-Respondió Vicente, tajante.
-¡Ja! No sé papi,
hoy me duele un poco la cabeza, y siento una energía negativa que me impide ver
con claridad las cosas…
-Fue un día
patético Marta… Marco me hizo quedar mal con el jefe, se robó MI proyecto.
Victoria estuvo a punto de violarme, frente a su novio. Este casi me entra a
coñazo… Ah, y una paloma me cagó la corbata…
Marta, exclamando
un hipócrita “pobrecito”, se levantó, besó a su marido y le susurró “¿Sabes quién
te va a cocinar, no?”. Y así la vio dirigirse a su habitación, como siempre,
soberbia, toda una arpía, con sus extravagantes bufandas y pulseras chinas.

¡Ja!
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