domingo, 11 de noviembre de 2012

Un mal día


Cuando Roberta estampó su pesada mano en la mejilla de Andrés, era lunes. Lo acusaba de “insensible, celópata y paranoico” sólo porque le reprochaba sus extraños cariños con su amigo “Luisito”:

-¡¿Pero acaso tú estás loco chico?! ¡¿Cómo voy a tener yo algo con Luisito?! Si él y yo nos criamos juntos, ¡Hasta nos bañábamos juntos”!, que bolas tienes tú Andrés… Es más chico, ¿sabes qué? Terminamos.

Y concluyó su perorata con un sonoro “pajuo” que llamó la atención de media Caracas. Meses después, las fotos del álbum “vacaciones con mi bebo <3” de Roberta confirmaban las sospechas de Andrés, efectivamente salía con Luisito. Ese lunes en particular parecía que Dios se había despertado de mal humor, y toda su ira recayó sobre Andrés. Había salido a las 6:30 am como de costumbre, caminó 7 minutos hasta la estación del metro y una vez allí percibió que los andenes estaban más llenos que de costumbre. “Se le informa a los señores usuarios, que motivado a una falla eléctrica en la estación Agua Salud, el sistema de metro presenta un FUERTE retraso en este momento” Ese lunes, ese lunes que Andrés debía llegar temprano al trabajo, el metro estaba jodido. La situación se prolongó por una hora, estaba en un vagón, sin aire y con una mujer y su cartera 8 veces más grande que ella perforándole las costillas. Fue en ese momento, cuando su madre llamó gracias a su sexto sentido arácnido:

-¿Alo? ¿Andrés? Papito el metro anda escoñeta’o, ¿quieres que te lleve al trabajo?

Está de más decir la respuesta de Andrés. Creía que finalmente Chuíto lo había escuchado. Pues no, Caracas no era más que un obeso con las arterias colapsadas por tantos años de McDonald’s y KFC. Fue así como media hora antes de entrar al trabajo, salió corriendo del vehículo sólo para encontrarse con un pozo de agua sucia imposible de bordear. Resultado: un zapato húmedo y media bota del pantalón empapada en agua sucia. Quizás Andrés había matado a su madre en una vida pasada, y las consecuencias de dicho acto hacían estragos en su existencia actual.

Pero existen días en los cuales el mundo entero conspira para que se puedan joder los sueños ajenos. Ese día Daniel, el jefe de Andrés, parecía atravesar una especie de andropausia prematura:

-Señor disculpe, vine lo más pronto que pude… El metro colapsó y la cola- antes de que pudiese terminar su explicación Daniel saltó como una gata.

-Andrés, mi tiempo es valioso, estoy aquí desde las 6:30 de la mañana, compañeros tuyos han estado merodeando por aquí desde hace horas, y ninguno realiza la presentación… Si me queda tiempo (y me da la gana) realizas la tuya… Pero a las 12.

Andrés no es homofóbico, pero ese lunes odio al “maricón” de su jefe, con su cabello amarillo mostaza y sus 19 gatos. Como toda persona que depende de un mísero salario, se tragó su rabia y terminó esperando a que a su jefe le nacieran las ganas de lo más profundo del forro de su… Eso. Finalmente a las 12 realizó su presentación, pudo haberle ido mejor, pero era un lunes demasiado trágico para ser complaciente.
Llegó a su casa destruido, cabizbajo y un poco afectado por lo de Roberta. Encendió la tv, las noticias relataban los hechos de siempre: Que lo mataron por malandro, que no alcanza para comer, que el mundo está en guerra… Sí, había situaciones peores que una ruptura con una cachuda, un jefe falto de marido, o un zapato mojado… Se preparó un té y mientras leía plácidamente “El otro infierno” de Carlos Villarino, sonrío… Mañana sería un mejor día. Sí, definitivamente mañana sería un buen día.


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