La
habitación, fría y oscura alberga su extraño suéter color marrón/oliva. Lo
único que se escucha es el lamento desgarrador de un chelo. Es una noche fría
en Caracas, fría con sus edificios taciturnos y su gente acostumbrada a la
monotonía. Ella no es la excepción. Está ausente en su computador, descargando
música instrumental de la que se cansará una semana después. Un día más, en una
ciudad más.
En
una cocina un tanto anticuada, una pequeña hormiga encuentra su trágico final
inundada en las aguas turbulentas de un café recién colado. Finalmente acaba
sus días en el estómago de una adolescente que precisa prolongar sus horas de
actividad.
Por
los túneles subterráneos del metro de Caracas, él escucha una movida canción de
Maroon 5; mientras su boca intenta pronunciar aquellas confusas palabras de un
idioma ajeno al suyo. Tiene al menos media hora de retraso y el calor es
sofocante. Pero eso no importa… “Yu sei gou, it isent workin an ai sei no, it
isent perfec” se le escucha cantar a mitad de la estación Colegio de
Ingenieros.
En
un hotel llamado “Cuatricentenario”, por Plaza Venezuela, la mujer de alguien;
disfrazada de cualquiera se revuelca con otro hombre, o en el peor de los casos
con otra mujer. Ella, con sus manos desgastadas por los quehaceres del hogar,
se entrega a sus más bajos instintos. No siente culpa ni remordimiento. Su
marido llegará tarde a casa, como suele hacer. No la besará, ni le dirá que
está hermosa, ya está cansado de decírselo a su amante.
El
nivel feria estaba totalmente lleno. Ellos debían verse esa noche a las 8, pero
él tenía al menos dos cuartos de hora de retraso. Ella estaba preocupada, él era extremadamente
puntual. Tenían al menos 2 años saliendo. Ella vivía por los lados de Altamira,
él en cambio provenía de un pequeño barrio en el oeste de la ciudad. Ella
estudiaba ingeniería en sistemas, él quería ser músico. Ambos, discordantes se
complementaban perfectamente.
Ella
por su parte, bebía café mientras descargaba música. El apartamento estaría
totalmente solo por unas cuantas horas, mamá había salido para Plaza Venezuela
a hacer unas compras. Papá llegaría tarde, como siempre. Su hermana mayor
estaría en el Sambil, comiendo con su aburrido novio, algún aburrido plato de
sushi, en una noche aburrida más de Caracas. Un día más, en una ciudad más.

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