viernes, 30 de noviembre de 2012

Noches frías de Caracas


La habitación, fría y oscura alberga su extraño suéter color marrón/oliva. Lo único que se escucha es el lamento desgarrador de un chelo. Es una noche fría en Caracas, fría con sus edificios taciturnos y su gente acostumbrada a la monotonía. Ella no es la excepción. Está ausente en su computador, descargando música instrumental de la que se cansará una semana después. Un día más, en una ciudad más.

En una cocina un tanto anticuada, una pequeña hormiga encuentra su trágico final inundada en las aguas turbulentas de un café recién colado. Finalmente acaba sus días en el estómago de una adolescente que precisa prolongar sus horas de actividad.

Por los túneles subterráneos del metro de Caracas, él escucha una movida canción de Maroon 5; mientras su boca intenta pronunciar aquellas confusas palabras de un idioma ajeno al suyo. Tiene al menos media hora de retraso y el calor es sofocante. Pero eso no importa… “Yu sei gou, it isent workin an ai sei no, it isent perfec” se le escucha cantar a mitad de la estación Colegio de Ingenieros.

En un hotel llamado “Cuatricentenario”, por Plaza Venezuela, la mujer de alguien; disfrazada de cualquiera se revuelca con otro hombre, o en el peor de los casos con otra mujer. Ella, con sus manos desgastadas por los quehaceres del hogar, se entrega a sus más bajos instintos. No siente culpa ni remordimiento. Su marido llegará tarde a casa, como suele hacer. No la besará, ni le dirá que está hermosa, ya está cansado de decírselo a su amante.

El nivel feria estaba totalmente lleno. Ellos debían verse esa noche a las 8, pero él tenía al menos dos cuartos de hora de retraso.  Ella estaba preocupada, él era extremadamente puntual. Tenían al menos 2 años saliendo. Ella vivía por los lados de Altamira, él en cambio provenía de un pequeño barrio en el oeste de la ciudad. Ella estudiaba ingeniería en sistemas, él quería ser músico. Ambos, discordantes se complementaban perfectamente.

Ella por su parte, bebía café mientras descargaba música. El apartamento estaría totalmente solo por unas cuantas horas, mamá había salido para Plaza Venezuela a hacer unas compras. Papá llegaría tarde, como siempre. Su hermana mayor estaría en el Sambil, comiendo con su aburrido novio, algún aburrido plato de sushi, en una noche aburrida más de Caracas. Un día más, en una ciudad más.


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