Titán
A sus
pies, yacía el mundo. Envuelto en un halo de desgracia, veía como las llamas le
devoraban lentamente. Se trataba, en efecto, de una visión. Vio miles de vidas
aniquiladas por la hambruna; el odio entre sus iguales. La perfidia del ser
humano se mostraba a través de guerras, violaciones, matanzas y
desmembramientos.
Comenzó a
llorar. Era la calamidad que se cernía sobre él. Fue en ese momento cuando se
percató que ante él se hallaba una inmensa puerta donde se mostraban diversas imágenes
talladas. A medida que se abría, seguía observando una infinidad de horrores,
dejando entrever una grotesca figura. “Deseo
morir” era lo único que, entre sollozos, podía articular, rogándole a un creador
que se negaba a mostrar su piedad. “Dios
mío, deseo morir”, pero era inútil, en aquel lugar, Dios se encontraba
completamente ausente.
Finalmente,
la puerta se abrió, y fue cuando sintió el mayor de los horrores. Pudo
vislumbrar una criatura inmensa, de una altura mayor a la que era humanamente
posible imaginar. El ser, que estaba
hecho a la imagen y semejanza del hombre, se hallaba de pie, observándole a
través de unos inmensos ojos que emanaban muerte. Se trataba, pues, de un
titán. Y le escuchó decir con una voz gutural que detuvo el tiempo:
- Prometeo, este es el destino que os depara. La condena
eterna; la aniquilación total. Se os habéis revelado la única verdad del mundo. Habéis
visto tu destino, y es atroz. Habéis visto el destino de muchos otros, y es cruel.
Os tildaran de loco, seréis rechazado y marginado por tus iguales. Estáis malditos,
Prometeo.
En ese momento había perdido toda esperanza, pues Dios le
había abandonado…

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