domingo, 21 de junio de 2015

Titán

Titán

A sus pies, yacía el mundo. Envuelto en un halo de desgracia, veía como las llamas le devoraban lentamente. Se trataba, en efecto, de una visión. Vio miles de vidas aniquiladas por la hambruna; el odio entre sus iguales. La perfidia del ser humano se mostraba a través de guerras, violaciones, matanzas y desmembramientos.

Comenzó a llorar. Era la calamidad que se cernía sobre él. Fue en ese momento cuando se percató que ante él se hallaba una inmensa puerta donde se mostraban diversas imágenes talladas. A medida que se abría, seguía observando una infinidad de horrores, dejando entrever una grotesca figura. “Deseo morir” era lo único que, entre sollozos, podía articular, rogándole a un creador que se negaba a mostrar su piedad. “Dios mío, deseo morir”, pero era inútil, en aquel lugar, Dios se encontraba completamente ausente.

Finalmente, la puerta se abrió, y fue cuando sintió el mayor de los horrores. Pudo vislumbrar una criatura inmensa, de una altura mayor a la que era humanamente posible imaginar.  El ser, que estaba hecho a la imagen y semejanza del hombre, se hallaba de pie, observándole a través de unos inmensos ojos que emanaban muerte. Se trataba, pues, de un titán. Y le escuchó decir con una voz gutural que detuvo el tiempo:

- Prometeo, este es el destino que os depara. La condena eterna; la aniquilación total. Se os habéis  revelado la única verdad del mundo. Habéis visto tu destino, y es atroz. Habéis visto el destino de muchos otros, y es cruel. Os tildaran de loco, seréis rechazado y marginado por tus iguales. Estáis malditos, Prometeo.


En ese momento había perdido toda esperanza, pues Dios le había abandonado…


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