miércoles, 9 de enero de 2013

Kazuma


Kazuma estaba absorta en sus pensamientos cuando las tres monedas de oro se estamparon contra el suelo. El resonar de las mismas la había sacado de su sueño, donde tres niños huían despavoridos de una alta y antigua torre. Los rasgos de los Persian atezaban su espléndido rostro. Un cabello color azabache, con el peculiar mechón blanquecino que caía delicadamente sobre su rostro; y unos ojos color turquesa encendidos, que recordaban a relámpagos en el medio de la noche. “Fue sólo una pesadilla” se repetía mientras gruesas gotas de sudor resbalaban por su tersa piel. Junto a su cama, una tenue vela alumbraba la pequeña habitación. Del otro extremo, yacía la cama de la pequeña Ciel; que dormía plácidamente mientras un chorro de baba se escapaba de su boca. “No es real… Yo estoy aquí… Sigo aquí” El sueño era recurrente; se veía a sí misma en una torre, una inmensa torre que parecía rozar el oscuro cielo nocturno. Repentinamente tres niños corrían despavoridos hacia ella. Sin embargo no tenían una forma clara, eran seres etéreos cuyos únicos rasgos notables eran sus refulgentes ojos. La sombra más alta poseía unos inmensos ojos que parecían compuestos de miles de esmeraldas. La segunda, tenía ojos color aguamarina, rebeldes e inquietos. La última, visiblemente más pequeña, tenía ojos similares a los suyos, pero menos encendidos. Lentamente los veía aproximarse a la ventana, inmediatamente corría hacia ellos para detenerlos, pero siempre que estaba a punto de alcanzarlos, ellos saltaban y se perdían en la oscuridad de la noche… Mientras sollozaba por no salvarles, una mano surgía de la nada y la lanzaba hacia el vacío. En ese momento el sueño cesaba. Luego la embargaba una enorme tristeza, como si algo en su vida estuviese perdido y jamás pudiese ser recuperado.

-¿Soñaste lo mismo de nuevo?- La pequeña Ciel, con ojos castaños y lagañosos la observaba desde su cama.

-Cállate y anda a dormir, mañana será un día largo… Fue una tontería.

-Entonces, ¿por qué estas empapada?... Siempre que tienes esa pesadilla, te levantas agitada y con cara de estúpida.- Las estridentes carcajadas de Ciel retumbaron por el cuarto, hasta que Kazuma estampó su pesada mano contra la mejilla de la pequeña. Dejando un marca roja donde la mano había hecho estragos.

PD: Esta historia es una derivada del relato de los príncipes exiliados. Aquí el link. 

http://kelerpunk.blogspot.com/2012/04/el-relato-de-los-principes-exiliados.html

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