Kazuma estaba absorta en sus pensamientos cuando
las tres monedas de oro se estamparon contra el suelo. El resonar de las mismas
la había sacado de su sueño, donde tres niños huían despavoridos de una alta y
antigua torre. Los rasgos de los Persian atezaban su espléndido rostro. Un
cabello color azabache, con el peculiar mechón blanquecino que caía
delicadamente sobre su rostro; y unos ojos color turquesa encendidos, que
recordaban a relámpagos en el medio de la noche. “Fue sólo una pesadilla” se repetía mientras gruesas gotas de sudor
resbalaban por su tersa piel. Junto a su cama, una tenue vela alumbraba la
pequeña habitación. Del otro extremo, yacía la cama de la pequeña Ciel; que
dormía plácidamente mientras un chorro de baba se escapaba de su boca. “No es real… Yo estoy aquí… Sigo aquí” El
sueño era recurrente; se veía a sí misma en una torre, una inmensa torre que
parecía rozar el oscuro cielo nocturno. Repentinamente tres niños corrían
despavoridos hacia ella. Sin embargo no tenían una forma clara, eran seres
etéreos cuyos únicos rasgos notables eran sus refulgentes ojos. La sombra más
alta poseía unos inmensos ojos que parecían compuestos de miles de esmeraldas.
La segunda, tenía ojos color aguamarina, rebeldes e inquietos. La última,
visiblemente más pequeña, tenía ojos similares a los suyos, pero menos
encendidos. Lentamente los veía aproximarse a la ventana, inmediatamente corría
hacia ellos para detenerlos, pero siempre que estaba a punto de alcanzarlos,
ellos saltaban y se perdían en la oscuridad de la noche… Mientras sollozaba por
no salvarles, una mano surgía de la nada y la lanzaba hacia el vacío. En ese
momento el sueño cesaba. Luego la embargaba una enorme tristeza, como si algo
en su vida estuviese perdido y jamás pudiese ser recuperado.
-¿Soñaste lo mismo de nuevo?- La pequeña Ciel, con
ojos castaños y lagañosos la observaba desde su cama.
-Cállate y anda a dormir, mañana será un día largo…
Fue una tontería.
-Entonces, ¿por qué estas empapada?... Siempre que
tienes esa pesadilla, te levantas agitada y con cara de estúpida.- Las
estridentes carcajadas de Ciel retumbaron por el cuarto, hasta que Kazuma
estampó su pesada mano contra la mejilla de la pequeña. Dejando un marca roja
donde la mano había hecho estragos.
PD: Esta historia es una derivada del relato de los
príncipes exiliados. Aquí el link.
http://kelerpunk.blogspot.com/2012/04/el-relato-de-los-principes-exiliados.html
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