Caracas, "ciudad de despedidas" esa ciudad donde la gente si se va, se iría demasiado. Si bien se caracteriza por su inseguridad y su gente jodedora, uno de los emblemas de Caracas es el maravilloso Metro. Sí, aunque muchos de los lectores consideren que el sistema es una cagada, realmente es un buen lugar para desestresarte, a pesar de los malos olores, los retrasos y los viejitos y/o embarazadas que se te paran al frente y cual propia Medusa buscan tus ojos para que con la presión que te montan te levantes del puto asiento, y ellos puedan irse tranquilos y relajados. NO, SEÑORES, ESO NO ES ASÍ. Se les recuerda a los señores usuarios que LOS ASIENTOS DE COLOR AZUL son de uso preferencial para las personas de la tercera edad, mujeres embarazadas o discapacitados. Coño, ¿son daltónicos o que carajo? Los asientos amarillos son para el resto de los mortales, ustedes tienen los suyos. Esa es una de las razones por las cuales nunca me siento, es una ley, si me siento, entrará un anciano o una embarazada a joderme la vida.
Pero omitiendo a los abuelos y a las preñadas, el Metro es un buen lugar. En más de una ocasión he sido testigo de discusiones sin sentido en los vagones "Coño, si tu me dices permiso con todo el gusto del mundo te doy el paso, pero no, ¡tú lo que eres es un sarvaje!" Marico, venimos mamados de la universidad/trabajo/burdel, de vaina que nos caen las 10 plagas de Egipto, y pretenden que uno ande de buen humor. Esta gente es arrecha. Recientemente escuché a una mujer conversando con otra que el metro "parecía un carrito de esos donde se montan los payasos de circo" y bueno, es cierto. Salen 3, y entran 40. El metro compacta y une a la gente, literalmente.
Nunca falta el o la caraja que pide plata en el vagón, "Por favor si alguno tiene una monedita que Dios se lo multiplique" He visto el mismo tipo con SIDA, cáncer, el carajito enfermo, la mujer desempleada, que viene de Mérida y mil vainas más. La otra vez, fui testigo del ataque verbal de una mujer CIEGA a otra. La segunda sin querer la había tropezado, y la "pobre" e inválida ciega se molestó y comenzó a soltar toda clase de improperios a la pacífica mujer. La vaina era algo como:
"Mira perra maldita coño de tu madre, ¿tú piensas que porque yo soy ciega no me puedo defender?, me tropezaste pe'azo e' perra mardita...." y por ahí se fue la ciega. Lo digo en serio, es la primera persona que conozco que dice TODAS las groserías venezolanas en una oración. A partir de ese día comprendí que a los minusvalidos no hay que tropezarlos, la pinga. Y así sucesivamente miles y miles de historias se viven día a día en el Metro de Caracas.
Amo a mi ciudad.

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