·
Si
lees mucho Coelho, terminarás viendo señales en todas partes. En el cereal, en
el jabón del baño, en las placas de los autos, en la tv, en la verruga de
Chávez, en la papelera, en el perro del vecino, en Naruto, en el diccionario de
portugués, en las palomas de la plaza Bolívar, en los libros de algebra, en tu
mamá. Creerás en el destino, que un vínculo mágico te une con la persona que te
gusta, aunque no te pare bolas, pero se casarán y tendrán veinte carajitos.
·
Si
lees mucho Dan Brown, terminarás hallando conspiraciones en los crucigramas del
periódico. Te volverás paranoico y buscaras el santo Grial. Te volverás ateo,
pues todas tus bases religiosas se verán derrumbadas cuando descubras que Jesús
estuvo empatado con María Magdalena. Asociaras las pirámides de Egipto con la
estatua de la Libertad, afirmando que existe una conexión realizada por los
masones que indica donde se encuentra la partida de nacimiento de Cristo.
·
Si
lees mucho Anne Rice, comenzarás a ver seres chupa-sangre en las esquinas de tu
habitación. No del tipo de Crepúsculo, estos no brillan, porque no están hechos
de Swarovski. Verás “Entrevista con el Vampiro” mínimo, 666 veces. Te compraras
una capa negra y dirás por las noches con voz carrasposa, casi asmática como la
de Darth Vader: “¡I’m Batman!” Tu biblia será “Dracula” de Bram Stoker. Y te
volverás “Darks”, y serás tan Darks, que terminarás cagando murciélagos.
·
Si
lees mucho J.K Rowling, comenzarás a esperar cartas de Hogwarts (lo digo por
experiencia propia) le gritarás a tus profesores “AVADA KEDAVRA” cada vez que repruebes un examen. A todo el
que te caiga mal le dirás “Maldito muggle” en tono despectivo. Presentaras
alguna obsesión del tipo TOC con alguno de los personajes. Si te dan una prenda
de ropa dirás con tu mejor voz de elfo doméstico: “¡El amo ha liberado a Dobby!”.
Y morirás virgen.
·
Si
lees mucho Fedosy Santaella, terminarás planeando asesinatos inverosímiles.
Como el de la perra de tu vecina vieja con las tetas caídas. O del “negro”, a
través de un evangélico desatado por el alcohol. O el de la gorda que te mueve
el piso, pero que terminará muerta a manos de tu querida madre. Y, quizás para
finalizar de manera triunfal, el asesinato de Ricardo Arjona. #TeQueremosArjona.
·
Si lees
mucho Victor Reinosa, acabaras leyendo manuales sobre “cómo convertirse en una
vaca”, desarrollaras Asperger y perseguirás chinos en los centros comerciales,
afirmando que pertenecen a una cofradía de escritores famosos. Y podrías acabar
convirtiéndote en una tortuga llamada Dulce D’ Piña.
Recuerde, todo en
exceso es malo. Tome pequeñas dosis de estos escritores, eso sí, acompañado de
un buen café, y si no le gusta el café, tome té, y si tampoco le gusta el té,
tome Coca-Cola, o Pepsi… Quizás 7Up, o Lipton. Y si no le gusta ninguna de las
opciones anteriores, con todo respeto mi querido lector, es usted un pendejo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario