Nunca me di cuenta de lo mucho que reía, hasta el día que dejé de hacerlo. Con los años te acostumbras a las cosas, y dejan de tener ese significado que las hacía grandiosas. Puedes llamarme Andrea, ¿le temes a la oscuridad? Cuando era joven, mi único miedo consistía en el desaparecer de mi existencia. Pensar que todo me conduciría al mismo camino, la nada, me parecía aterrador. ¿Piensas igual que yo mortal?. Así es, hace mucho tiempo atrás dejé de envejecer, mi cuerpo no conoce el deterioro de los años. Sigo teniendo la apariencia de una mujer de 20 años, juventud, eterna y sagrada juventud. He de suponer que no crees en mi palabra, ni pactos con el diablo, ni piedra filosofal, ese no es el secreto. ¿Quieres saberlo?... Dicen que los sueños son el reflejo de nuestros deseos y temores más profundos, yo no solía soñar con absolutamente nada. Hasta que él apareció. Era un joven de cabello negro, con un característico mechón blanco. De tez blanca y ojos azabache, que se asemejaban a un inmenso mar del cual era imposible escapar. No recuerdo mucho el sueño, el paso de los años aunque haya dejado a mi cuerpo intacto convirtió a mi memoria en una anciana con alzheimer. Aunque nunca le hubiese visto, sabía su nombre. Damián.Vestía ropas holgadas, pero usaba joyería propia de un príncipe. No me encontraba en algún lugar en especifico, estaba en la nada. Él me preguntó quien era, mi boca fue incapaz de articular palabra alguna. Era como si a través de sus ojos, pudiese leer toda mi historia, recorrer los rincones más inhóspitos de mi ser... Lo conocía todo sobre mi. Mis metas, pero especialmente, mis miedos. ¿O debería decir "mi miedo"? Extendí mi mano, tratando de alcanzar la suya, fue un movimiento automático, como si una mano superior escribiese mis movimientos en un papel. Desperté bañada en sudor. Desde aquel momento, los días y las noches pasaron a ser lo mismo. Me costó comprenderlo. Me costó aceptar ver a mis seres queridos partir, y yo aquí, condenada a vagar eternamente por este mundo obscuro y sin sentido. He olvidado tantas cosas, como la alegría o la tristeza... El único vestigio de mi cordura, es recordar un sueño, en el cual vi a un hombre llamado Damián. Puedo asegurar que he sido la única persona que ha conocido el Tiempo... Con sus ojos azabaches, semejantes a un inmenso y profundo mar.

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