sábado, 23 de junio de 2012

Montecristo


-¿Montecristo señor?-

-Sí, Montecristo-

-¿Cómo el Conde de Montecristo señor?

-Sí, pero sin el Conde-

-¡Ah! Yo vi esa película, arrechísima señor, arrechísima. Es con el carajo este, el que fue Jesús en la pasión de Cristo. Debería de…

-Debería de decirme- dijo antes de que el oficial Peraza terminara su frase- donde pongo mi firma en lugar de narrarme sus pasiones con James Caviezel, gracias.

-Ehm… Sí, claro. Aquí señor, luego aquí. Gracias señor Montecristo, le felicito por su eficiente trabajo. Puede retirarse.

Con “eficiente trabajo” Peraza se refería a la captura del  “Memo” Rufurundo González, un famoso proxeneta, “Lleve dos putas por el precio de una” era su lema. La captura había sido complicada,  balaceras por aquí, balaceras por allá. Más de uno acabó cual colador. ¿La recompensa? Suficiente dinero para vivir un mes de pura cerveza, porque si había algo que le gustaba a Montecristo, era empinar el codo. “El alcohol me ayuda a razonar mejor” y contrario a lo que se pueda pensar, realmente pensaba mejor cuando estaba “sabrosón” .  Era así como había resuelto casi todos los casos en los que se había visto involucrado, mareado y hediondo a cigarrillo. Tal como lo hizo en la captura de la vieja de tetas caídas del 7-11. Las provisiones (ron, cerveza, vodka) se habían agotado ese día, era bien conocido que la señora arrugada del edificio amarillento y desgastado donde vivía Montecristo era una coleccionista de licores. No era la primera vez que Montecristo se decidía a visitar a la viejita para hacerle compañía… A sus cientos de botellas.

-Buenos días señora Nelly, ¿Cómo se encuentra?- “Como se encuentran usted y sus tetas caídas” pensó para si.

-¡Oh! Cielo, bienvenido, pasa pasa. Yo bien mijo, aquí en la lucha por el pan de cada día.

-Supongo que si mi doña- “Será su lucha contra el marcapasos, esta vieja coño e’ madre es la prueba viviente de la existencia de los dinosaurios, de seguro conoció a Cristo”

-Déjame y te preparo un cafecito, ¿o prefieres un roncito?

-El segundo mi doña, el café es malo para mi salud.

Entre risas la señora Nelly fue con su particular paso a la cocina. Fue en ese momento que Montecristo se fijó en la mancha roja mal disimulada en la alfombra. Inspeccionó el área, el olor a alcohol seguía impregnado en la zona. “Hija de puta… ¿No podía matar al carajo con un ron más barato?” Hacía dos semanas que habían encontrado muerto al señor Pattinson, la causa de muerte: un golpe certero en la cabeza.

-Y digame señora Nelly, ¿esa artritis suya no la deja quitar la sangre del señor Pattinson de la alfombra no?

A través de diversas pruebas se comprobó que la anciana había sido la artífice del crimen.

-¡Coño! Y pensar que yo me la pasaba metido en casa de esa señora, se veía tan amable… Y siempre me daba galletas- Afirmaba con tristeza el negro Fernando, vecino y gran amigo de Montecristo.

-Sí, es triste… Vayámonos a beber algo, los efectos de la abstinencia me están afectando.

-Tu hígado debió morir hace años, pero bueno, mala hierba nunca muere. Coye, aunque cuando estuvimos en la casa de la vieja, la licorería parecía haber sido asaltada, esa señora conservaba las botellas como si fueran lingotes de oro.

-Los muertos no beben, ¿o sí?- Respondió con una sonrisa el investigador Montecristo.

“Qué tiempos aquellos” se dijo a si mismo. Se echó en el sofá y encendió su cigarrillo, mientras cantaba entre caladas “Tomo… Para no enamorarme… Me enamoro… Para no tomar”



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