jueves, 5 de abril de 2012

El relato de los príncipes exiliados

Cuando desperté, la melodía seguía retumbando en mi cabeza; lo último que había escuchado, era la voz de esa mujer que me pedía volver a su lado. En el sueño podía escuchar la lluvia cayendo a cántaros. Giré para observarla y así poder detallar su rostro, pero el grito de Kazukun me había sacado de mi ensoñación.
-¡Damián! Alguien ha entrado al palacio, se dirigía hacia la habitación de Zephir- La trémula voz de mi hermana menor hacia difícil que se entendiera lo que trataba de explicar.
Quizás fuese mi somnolencia la que me empujó hacia el pasillo, y de allí a la última habitación. Recuerdo haber visto como la cortina ondeaba, y permitía admirar la luna. La ciudad de Gizeh se veía imponente, como un inmenso Golem que custodiaba uno de los tantos desiertos de Nizah. Luego de haber atravesado el umbral, la mano de la pequeña Kazuma se desprendió de la mía; de ahí en adelante, todo se volvió confuso.

Y Damián cayó frente a mis ojos, mientras los gritos de Kazuma resonaban por todo el palacio. Uno de los guardias lo había dejado inconsciente en el suelo. La situación se había tornado tan absurda, nuestros “protectores” nos agredían sin ninguna explicación; ¿se trataba de una sublevación? Hubiese vendido mi alma al demonio para que fuese sido así… Mi instinto animal solo me decía una cosa: “Huye”. Tomé a mi hermana, no tuve tiempo de hacer preguntas, la ventana yacía abierta… La solución era simple, debíamos saltar. Supongo que todo se derrumbo cuando vi a mi padre ordenándoles a los guardias que pusieran fin a nuestras vidas, ahora nuestras pieles tenían precio.

De no haber sido por Zephir, quizás no podría estar narrando esta historia. No recuerdo mucho lo ocurrido esa noche, era pequeña después de todo. Mi memoria lleva consigo la imagen de Zephir abrazándome mientras caíamos por la torre del palacio. Mi nombre es Kazuma de Persian, tercera heredera al trono de Gizeh. El hombre que ordenó nuestra ejecución, fue nuestro querido padre, el Señor Osir. “De los tres sangre real, uno de ellos en busca de poder y gloria, acabará con la vida del gran señor de Nizah” Desde esa fatídica noche, vago errante por el mundo en busca de mis hermanos…  Y de aquel gitano, que con su profecía acabó con nuestras vidas… Ese que convirtió a una princesa, en una hermosa loba, de un ojo ámbar, y un ojo zarco…
¿Conoces el cuento de la princesa y la luna?


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