jueves, 15 de marzo de 2012

Ninfaela

Mikaela es una "vieja pava". Si, de esas que viven en una dieta constante de botox y silicona. María y Lola son sus mejores amigas, al fin y al cabo son sus tetas favoritas. Su cara es como la de cualquier vieja que se quiere quitar la edad a punta de inyectadora y bisturí, un desastre. Le cuesta sonreír, sus labios parecen el resultado de una dura coñaza, enormes y deformes masas de carne. Su cara podrá ser tan lisa como el culo de un bebé, pero su papada la delata. El cuerero que le cuelga del brazo la hace parecer una ardilla voladora, el paracaídas ideal para nuestro amigo Batman. Usa ropa ajustada, va a esas bailoterapias para creerse más arrecha que Jennifer López, pero que va, la licra la hace que se confunda con Michelin.

Estoy segura que es la hermana perdida de la Tigresa de Oriente junto con la Duquesa de Alba. Como si vivir en el quirófano no le bastará, Mikaela es ninfomaniaca. Nada le gusta más que el buen sexo con un potrico de 20 años, vive cazando peladitos por toda la ciudad. Se cierne sobre su víctima como un feo y viejo zamuro, esperando el mínimo descuido de la presa. Se acerca y sutilmente lo invita a salir, le compra relojitos, le presta el carrito y lo saca a pasear. Como una buena sifrinita con esos horribles chihuahuas y sus ridículos trajes. Pero el incauto sabe cual es la forma de pago, un polvo aquí, un polvo allá. Una vez instalados en el hotel más caro, en la mejor habitación, es tiempo para "dementar" al malandrito. Así es, Mikaela es la representación de los dementores, una horrible criatura que te quita la poca vida que posees, con sus arrugas mal disimuladas, estrías y celulitis. Una vez que la tienes encima, no hay vuelta atrás. Se robará tu juventud, te hará odiarte por el hecho de haberte acostado con una vieja cincuentona babosa a cambio de unos pocos lujos...


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